Wall Street. NYSE. Aquí se mueve más dinero que la hostia (comentario generalizado y poco original). El ritmo es frenético y se pueden distinguir a los turistas simplemente por el hecho de que son los únicos que no llevan traje. El poder se siente. Después de tocarle las pelotas (literalmente) al mítico toro cogimos camino al ferry que navega hacia Staten Island para tratar de ver la estatua de la libertad de gratis. El paseo es acojonante y la estatua impresiona a pesar de que no estuviéramos muy cerca. A nuestra derecha queda la isla donde todos los extranjeros que llegaban a EEUU pasaban una cuarentena antes de entrar al país. ¡¡¡El país de la libertad!!! De vuelta a Manhattan comemos un bocadillo en un Subway donde nos atienden en castellano (¿todo el mundo sabe castellano en este país o es que todo el que habla castellano tiene una mierda de trabajo?). Nuestra siguiente parada es la estación de trenes mítica de New York y el edificio de Chrysler (donde vive el malo calvo de Spiderman para que nos entendamos) al que no pudimos subir. Decidimos visitar también el edificio de la ONU a pesar de que para mí ha perdido toda la credibilidad que tenía. Las banderas de los países miembros no ondean, no nos dejan entrar a ver el hall y la estatua de la pistola entrelazada. Se hace de noche y comienza a llover. Malos tiempos.Decidimos volver poco a poco hacia el hostal por la famosa 5ª Avenida. Aquí se sitúan todas las tiendas que os podáis imaginar y el movimiento es continuo, no importa si llueve, no importa si estamos a menos de 5 bajo cero. Entramos en un par de tiendas, la NBA store que es increíble (puedes echar unas canastas en la tienda, ver partidos míticos que están echando continuamente, jugar a los últimos videojuegos, camiseta firmada de Michael Jordan donde cayó una fotillo, y por supuesto tienes todo el merchandising que quieras comprar de la NBA). La segunda tienda nos dejó boquiabiertos. Abercrombie. Había más vendedores que clientes. Pero la gracia es que estaba montada como si fuera una discoteca, con la música a tope, las luces bajas y un chatón enseñando carnes y sonriéndote cada 5 metros (también había pavos, uno incluso sin camiseta para sacarse fotos con las clientas). Hicimos una paradita en el Rockefeller Center, otro edificio enorme con pista de hielo y música al aire libre para la gente (si no hubiera sido por la rodilla y porque no se patinar...), pasadita por Playboy enterprises y llegada al hostal donde estuvimos hablando entre cerveza y cerveza hasta más allá de las 2. El día siguiente prometía...
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