jueves, marzo 15, 2007

Llegando a South Beach (I)


Desde el momento en que bajamos del avión en Fort Lauderdale (una ciudad que está a unos 45 minutos de Miami y donde nos ahorrabamos unas perrillas en el avión) supimos que todo iba a ser diferente. Los que vinieron al viaje de Cuba recordarán seguro el golpe de calor que te daba cuando salías del avión. La sensación aquí fue la misma. Habíamos estado debatiendo durante varios días la posibilidad de alquilar una limusina para llegar como reyes al hostal. El caso es que alquilar una limusina para cuatro hasta allá solo nos salía a 64$ en total. La gran putada es que éramos 5 y nos quedamos con las ganas, otra vez será. El hostal no parecía gran cosa en un principio, pequeñito pero por lo menos estaba muy bien situado. Luego fuimos descubriendo que todas las noches preparaban una salida a algún sitio que es lo que realmente nos ha ayudado a conocer el Miami nocturno.
Ese mismo viernes todos estabamos bastante cansados (¿a quien se le ocurre salir un jueves cuando el viernes te vas a Miami? Pues a nosotros) y decidimos darnos un paseo por la avenida que da a la playa. Aquí acabé acojonado, me di cuenta de que estabamos totalmente fuera de lugar. La pasta que se veía era espectacular. Ferraris, Porches, Hammers y limusinas a patadas. Me imagino aquí con mi 205 rugiendo. Plato mínimo para cenar 30$ (desde steak hasta langosta). Los vestidos de las mujeres e incluso los de los hombres se notaba que tenían más de dos ceros en su precio. Las mujeres, otra historia. No he visto tanto chatón (parecía una pasarela de verdad) por metro cuadrado como en Miami. Cenamos en el sitio más barato que encontramos y nos volvimos para el hostal a descansar.
El sol y el calor nos levantaron bastante pronto el sábado, lo que aprovechamos para tomar contacto con la playa. El agua turquesa, la arena blanquita, campos de voleyplaya a patadas, palmeras y vegetación. Cerquita del paraíso. Nos pudimos bañar un 3 de marzo, quien lo diría. E incluso la mitad de la gente (yo incluído) nos quemamos enteritos. Algo debe tener el sol de aquí porque normalmente no me suelo quemar. ¿O igual es que me estoy haciendo viejo y esto de no echarme crema ya no funciona? Comida-cena en el típico restaurante americano, esto es, un Burger King y vuelta al hostal tras dar una vueltilla por los alrededores. La noche la pasamos en una discoteca que parece ser bastante conocida aquí, Space. 3 salas: house, hiphop y resto. No estuvo mal, la verdad.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuidado con urreta cuando vuelvas. Un tio que quiere fotos tuyas y se fija en tu sonrisa. Yo lo considero un tio raro !muy raro!.
jeje.

Anónimo dijo...

¡joe, tío!

Anónimo dijo...

Yo estaba ilusionado con ver fotos de chatones de Miami....y nada. Pero se agradecen nuevas noticias. P.D.¡Qué tonto es el Pitxer! Otro día cambia la hora por lo menos.