
El sol comienza a despertarse en medio de China Town. Los comerciantes están sacando carne, pescado y posiblemente inmigrantes ilegales de sus camiones para trabajar aquí. Todo me empieza a recordar a una película. De hecho, las calles están llenas de las puertas-alcantarilla que te llevan a un sótano donde más que probablemente no se juegue al mus. No hay ningún occidental por la calle pero a pesar de todo no te sientes inseguro, será el carácter oriental. Aun así, es muy duro que un autobús que casi pierdes te deje en un lugar totalmente nuevo, en el que no has puesto un pie en tu vida y para el que no tienes un puñetero mapa. Sabemos que en Times Square tiene que haber una parada de metro (aquí lo llaman Subway) así que paramos un taxi de los míticos amarillos donde un simpático indio nos lleva a nuestro destino. Los taxis son más baratos que los de Donosti y encuentras doscientos en cada calle. Al llegar a Times Square me empiezo a dar cuenta de que no estoy en un lugar normal. Esto no es Picadilly Circus, le da diez mil vueltas. Tras un café bien calentito y las fotos de rigor cogemos el metro y vamos para el hostal. No sé como acertamos a la primera, la verdad porque es el metro más confuso que he cogido en mi vida. Los trenes no se diferencian, se pueden llegar a meter cuatro trenes en la misma estación, ..., como para soltar aquí a cualquiera. El hostal no está mal: cama, ducha y un sitio para estar. No pedíamos más. Mientras nuestros perezosos colegas de Boston más el viajero se desperezaban nos fuimos a dar una vuelta por el barrio de Chelsea y específicamente fuimos hacia el Madison Square Garden. Pregunta obligada al segurata: “¿Próximo partido de los Knicks? El martes. Caguen”. El edificio es enorme, pudimos entrar hasta donde venden los tickets y es un verdadero temario. Murales con jugadores actuales, leyendas, momentos históricos, tiendas y muchas más cosas. Lo que yo no sabía es que en la misma cancha juega el equipo de basket, hockey hielo, tenis, conciertos y no sé cuántas cosas más. Eso sí que es aprovechar las instalaciones. Aprende Odón. Vuelta al hostal, recoger a los demás y tomar camino al World Trade Center. El vacío es impresionante, estar allí te pone los pelos de punta. Un hispano se nos acerca comentándonos que la altura de las torres doblaba la de un edificio enorme que teníamos detrás para que nos hiciéramos una idea. Obviamente, después trata de vendernos en un libro lo que pasó en ese día. Le decimos que estuvimos viendo a Matías Prats. Tienen puestas fotos contando lo que pasó aquel día y actos de protesta que hubo después, los nombres de todas las personas que fallecieron aquel día e incluso todavía queda un pequeño lugar donde hay velas y flores. Sobrecogidos, tomamos rumbo a Wall Street. Continuará...
PD: ayer me encontré con unas pavas de una hermandad que estaban vendiendo besos por dinero!! 1 beso 1$, 25 besos 20$. Esto ya raya la ficción...
2 comentarios:
Txotxas:
Espero q tu y tus amigos no hos hayais dejado el sueldo. Q no me creo q no callera ninguno.
Todavía no hemos comprado pero aún estamos a tiempo...
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